domingo, 5 de septiembre de 2010

Milagro quebrado

Totalmente ilusa. Mi sentido común fue abrumado por un aparente milagro de la vida. Ahora sufro las consecuencias de este intento por cambiar el curso del funesto destino que ha sido escrito para mí. Este sentimiento me embarga en demasía, es impredecible saber si podré superarlo. Mi vientre vacío clama la vida que lo estaba ocupando y que fue expulsado gracias a este estigma escarlata de la estoy poseída.

No existe peor dolor que este. La inutilidad de mi cuerpo es aparente, avisada y predecible. Aun así, se quiso probar mi fortaleza con el maravilloso regalo que mis entrañas sostenían. Pero soy débil. Siempre lo supe. Olvidé por un momento que mi vida es un vaivén inestable, donde el mañana es sólo una palabra.

Lo sentí. Aquella esencia y el esbozo de ese ser que merecía protección. Aunque no lo conocí, revolucionó la visión tenue de la vida que tenía, pensé en un cambio, en un motivo para luchar. Despertar cada mañana era diferente, sabiendo que tenía alguien a quien hablarle en silencio, entonarle las notas de mi violín y decirle lo hermosa que sería la vida juntos. Sin embargo, esquive el primer ataque de mi médico de cabecera, quien me exhortó a detener la ilusión.

Maldita enfermedad, maldito cuerpo, maldito destino. Aquel color rojo fue el aviso del fin. Veía como ese ser se apartaba de mí, sin poder hacer nada y reclinándome sobre lo que está escrito. Nunca le temí a la muerte, quise cambiar mi vida por la suya, pero fue irreparable. Mujer sólo de nombre, vientre inutilizado por este sello no deseado.

Estoy en un profundo hoyo, del cual no quiero salir. La culpa de cobrar una vida sólo por iluminar mi existencia es algo que no puedo apaciguar. Supe desde siempre que mis funciones están reducidas y que pronto desaparecerán. La marca escarlata sigue su paso cada día, cada hora, cada minuto, cada segundo. Quiero que mis ataduras se terminen de romper para huir de este infierno constante, doloroso y frustrante.

Quien sabe a donde me vaya al dar mi último suspiro, pero espero que aquella esencia que habitó mi ser, pueda perdonarme por la fragilidad que no le permitió florecer.

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jueves, 22 de julio de 2010

Utopía rota, realidad necesaria

Volaba sobre el umbral autofabricado de una utopía idealizada. Una droga delirante y silenciosamente adictiva. Sin darme cuenta, la dosis fue excediendo los parámetros permitidos. Una pseudo dependencia creada por un ente profundo que nunca suele emigrar, que apareció  en un momento donde mi racionalidad se hallaba al descubierto, tan vulnerable a cambiar de dirección.

Este efecto alucinógeno e ilusionador duró mucho más del tiempo esperado. Tanto, que mis receptores fueron sobornados, dejándome saturar demasiado, llegando a la intoxicación por exceso. Síntomas notorios de esta anafilaxia no pedida, amevinorotoritaban preocupación.

Aquella racionalidad que me conectaba con el espacio físico de la realidad se fue desvaneciendo hasta no dejar rastro, dando como consecuencia, pensamientos a futuro, graciosamente posibles. Situación completamente opuesta a mi forma natural, donde el futuro sólo es una palabra que en cualquier momento el viento sabrá llevar.

No me había dado cuenta, hasta ahora, del rango que estaba alcanzando. El encuentro con la realidad olvidada fue un impacto con dolor súbito e imponente, como un alfiler incrustando la burbuja que me permitía volar, sin salvaguardar lo que llevaba dentro. Así de sorpresivo y sin ninguna clase de consideración. De ninguna, debo resaltar.

A pesar de lo acontecido, creo firmemente que fue lo mejor. Esta forma estallante e infiltrante marcó lo suficiente para evitar una recaída. La dureza del impacto me ha permitido despertar, y burlarme irónicamente de la escena que había creado. Es como el renacimiento de una racionalidad mejorada y complementada con la experiencia adquirida.

Había olvidado la esencia de mi carácter, disfrazándome de lo que siempre odié. Ahora he marcado un hito, con vuelta de página incluida, donde la regresión no tiene lugar. Puede ser que aun me afecte, no lo niego; pero el mejor tranquilizante es volver a la vida que me caracterizaba, simplemente volver a ser yo.

sábado, 3 de julio de 2010

Batalla contra el tiempo

Las manijas del reloj continúan su paso. Esta opresión en mi pecho, premonitoria de lo inevitable, está presentándose. En mi balcón, miro el cielo pensando en como el tiempo me gana la batalla. Ciertamente, ni siquiera puedo elaborar esas comunes listas de lo último que haré. El viento frío acaricia mi rostro, siento que el límite esta cerca, poco a poco, de manera cobarde talvez, dando por sentado que lo di todo. Absolutamente nadie puede decir lo contrario.

Estas ganas de vivir se me están escapando poco a poco, resignándome al resultado esperado, sin luz ni salida. Quise seguir el rumbo de lo difícil, pero mi cuerpo me dice que ya no más. No tengo necesidad de amarrarme a este físico mundo, ni mucho menos de volver si me estoy alejando.

Este día se agota, y mi presencia también. Una incertidumbre insana se apodera de mí. No es miedo, claro que no. Impotencia de verme encerrada en este molde natural, donde mis fuerzas están presentes pero no pueden salir. La crisis de lo esperado llega lentamente y eso es lo que inquieta, lo que arde.

En el cercado de una cuenta regresiva, su ruido impaciente exaspera mi tranquilidad. Me exacerba la espera innecesaria, donde la máquina del pensar me abruma y empieza a desesperar. ¿Por qué no me llevas de una vez? Menuda pregunta sin respuesta aparente, en medio de esta soledad provocada por la burbuja de este estigma heredado.

Recuerdo mis pasos recorridos y perdidos, resaltando las acciones que no pude realizar, mucho menos ahora que mi tiempo se acaba sonante en este cronómetro de la vida efímera que me eligió para saciar la necesidad de latencia permanente. A veces, no puedo creer lo ilusa que he sido al pensar que mi regalo sería duradero. Mis visiones de la vida no son más que utopías en un mundo perfecto.

Me siento perdida en este lugar, donde la lluvia empieza a caer. Mi espíritu nada ambiguo entre la lucha y la resignación total. Ninguna mano puede tomarme en este momento, quiero soltar lo que me ata a esta guerra constante contra el destino. Aunque pise fuerte, las huellas que dejaré serán como pisadas en la arena, borradas por el agua nueva que las cubre.

Lentamente estoy desvaneciendo, delirante y con este dolor sin analgesia alguna, mis lagrimas silenciosas evidencian mis ganas de gritar con la boca cerrada, me queda la racionalidad moldeada que trata de buscar esa paz interior necesaria para enfrentar hidalgamente lo que está escrito, como volando subliminalmente en aquellos momentos que me hicieron feliz, para recibir con una sonrisa traicionera esta sentencia que me fue dada.

jueves, 24 de junio de 2010

Para el final premeditado

“Escúchame con el corazón”, me dijo ella sonriendo amablemente. Esa facción de tranquilidad no se le quitaba a pesar de su destino ya marcado. “Querida, mi tiempo se está acabando pero puedo dejarte algo bueno, lo que siempre necesité y quizá algún día tú si puedas brindar, sigue esta metodología en alguien como yo”:

Quieres mucho a alguien, pero por azares de la vida, le infundieron una entidad sin posibilidad de cura. ¿Que haces cuando esta persona desea hablarte de lo que le acontece? ¿Permaneces en silencio, preocupada porque podrías decir algo que fuera inapropiado?  De ser así, compartes los mismos sentimientos que muchas otras personas experimentan.

Cuando hablas con alguien que tiene una enfermedad sin cura aparente, es importante escuchar a la persona. Trata de oír y comprender lo que la persona esté diciendo sobre cómo se siente. No subestimes lo que le te dice la persona enferma ni trates de cambiar la manera en que la persona se siente o actúa.

Deja tus sentimientos y miedos a un lado. Hazle saber a la persona que cuenta con tu disposición para que hablen en cualquier momento en que lo desee. Si es que la persona no siente deseos de hablar de ello, hazle saber que eso también está bien.

Desahogando mi situación

Durante el transcurso de la enfermedad, puede que la persona exprese enojo y frustración hacia las personas que la rodean. Aunque esto puede ser muy desagradable para los miembros de la familia y amigos, puedes ayudar a recordar que en ocasiones la gente manifiesta su enojo y frustración contra las personas más cercanas a ellas ante situaciones difíciles.

Esto sucede por que las personas más cercanas conforman una salida en quién desembocar sus sentimientos. Saben que tú seguirás dando su apoyo incluso cuando no se comporten bien. A menudo, la persona está realmente frustrada y enojada sobre la enfermedad y la pérdida que conlleva, pero esto es difícil expresarlo en palabras. Debido a esto, la persona encausa sus sentimientos de enojo en los familiares y amigos, o en quien llegue a encontrarse a su alrededor.

Cambio de Actitud

Algunas personas enfermas se vuelven dependientes durante su enfermedad, otras no. Aunque la enfermedad puede limitar algunas actividades diarias, usualmente es mejor que la persona enferma continúe viviendo como lo hacía antes del diagnóstico tanto como sea posible. Esta contínua responsabilidad como adulto le da una sensación de importancia, seguridad y control, mientras que si sigue dependiendo completamente de los que le rodean, con el tiempo le harán sentir más desesperanzado y como una víctima.

A veces lamentamos mucho la situación de la persona enferma,  puede que intentemos sobreprotegerla, pero a largo plazo esto puede que sea contraproducente. El diagnóstico de una enfermedad sin cura representa con frecuencia un período de ansiedad para las personas. Intenta ponerte en la situación de tu ser querido e imagina cuánto temor sentiría si esto te estuviera sucediendo a ti. Así, podrá pasar por alto discusiones y conflictos menores, y seguir adelante.

Jugando a las culpas

Algunas veces, las personas enfermas creen que la enfermedad es el resultado de algo que ellas hicieron o dejaron de hacer. Como amigo o familiar, tú también puedes sentirte culpable y lo demuestras cambiando tu actitud.

Puede que traten de enmendar lo que ellos consideran que fueron fallas o errores del pasado. Culparnos a nosotros mismos o a los demás puede ser una barrera para una relación sana. Procura no entrar en el juego de “buscar culpables”. Anima a tu ser querido a que no se culpe a sí mismo sobre lo que le está ocurriendo.

De cualquier forma, todo es parte del pasado y salir adelante es la única opción. Si sientes culpabilidad como amigo o ser querido, está bien expresar tu arrepentimiento y disculpas para también seguir adelante. Hay que evitar vivir en el pasado y hay que enfocarse en un futuro positivo con esperanza para ti y tu ser querido.

Viviendo con mi destino

Con frecuencia, estas enfermedades son de larga duración y las personas que las padecen podrían recibir tratamiento durante muchos años. Algunas veces, aquellos amigos que apoyaron al principio se alejan a medida que continúa el curso del tratamiento de meses o años. Aun así, las personas enfermas necesitan el apoyo emocional constante durante el transcurso de su enfermedad.

No olvides que cuando ellos se ven muy abatidos por el rigor del tratamiento, sólo el ánimo y apoyo de las personas cercanas le devolverán el valor e incentivo. Además el apoyo de la familia y amigos ayuda a las personas enfermas a tratar de reanudar sus actividades y regresar a una vida normal en la manera que lo permita la enfermedad. Apoyar en un comienzo y después no hacerlo puede resultar muy doloroso para su ser querido e incluso sentirse peor que si no se hubiera ofrecido apoyo en absoluto.

Enfrentando el final

Algunas personas enfermas con este tipo de patologías ya no responden al tratamiento y tienen que enfrentar el hecho de que probablemente morirán. Esto atemoriza a la persona que está enferma y a los que la rodean. La persona enferma puede sentir dolor, permanecer en cama o tener movilidad limitada o estar confundida. Resulta difícil observar a un la persona que quieres pasar por este proceso de deterioro.

No importa cuán difícil sea el estar cerca de esa persona, es importante estar allí con la persona en ese momento. La persona enferma puede sentirse sola, aunque esté rodeada de personas. Esto se debe a que las personas que le rodean realmente no estén al tanto de lo que está ocurriendo.  Se requiere de valor y energía adicional para vivir esta situación.

A veces, la persona con la enfermedad avanzada se aparta de las personas cuando entra en el proceso de la muerte. Esto usualmente es un proceso natural y una forma de desconectarse de la vida. Lo mejor que se puede hacer en estos casos es tomar en cuenta esta señal de la persona y simplemente estar allí disponible.

Puede que te pregunten, “¿por qué me pasa esto a mí?" Resulta muy difícil escuchar esta pregunta debido a que no hay respuesta y es desconsolador sentir el sufrimiento que dicha pregunta conlleva.

Esta es una pregunta en la cual la respuesta simple “no lo sé” y sostener la mano y dejar que la persona llore o hable sobre su tristeza y lamentos sea lo mejor que se puede hacer. Dejar que una persona haga esto es una verdadera ayuda por que muchas personas evitan el tema de la muerte y no permitirán a sí mismas sentir el dolor junto con su ser querido.

Algunas personas que saben que van a morir sienten la necesidad de hablar sobre cosas inquietantes que evitaban mencionar. Puede que quieran hablar sobre algunas de las cosas que hicieron en su vida de las que se sientan avergonzadas o arrepentidas. Puede que quieran disculparse sobre dichas cosas y que quieran darle indicaciones sobre qué hacer por ellas en el futuro. Escuchar con respeto y, por supuesto, con indulgencia y afecto es todo lo que se requiere hacer. No existen palabras mágicas para una persona que está muriendo, pero a menudo tu presencia es mágica y ofrecer un corazón abierto no tiene precio.

“Lo más importante, se tú mismo y trata de no preocuparte sobre si estas haciendo las cosas bien. Deja que tus palabras y actos salgan del corazón. Tu compasión y preocupación sincera son las cosas más importantes que le puedes transmitir a tu ser querido en este momento, en aquel instante en que encuentre al fin la paz”, concluyo aquel ángel que estaba partiendo.

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Gracias Priscila, por tu fuerza, tu voluntad, tus ganas de vivir. No pude haber conocido mejor ejemplo que tú, que estabas firme aún cuando decaías peor que yo. Sé que lo esperaste de la manera hidalga que te caracteriza. Conocerte fue el impulso para salir del fondo en que me encontraba. Cuando pensé que mi mundo estaba abajo, recluida en aquel recinto frío de hospital; fuiste tú la que me enseñó lo contrario. Pronto te seguiré los pasos, lo siento cercano, mi destino está escrito igual que el tuyo, tan sólo te pido que me esperes, y así escribir aquel destino que en este mundo nos fue negado.

Descansa en paz, mi querida amiga..
Estarás en mi recuerdo por siempre...

miércoles, 23 de junio de 2010

Delirios

Este día grisáceo, se vuelve color naranja
cuando tu recuerdo viene a mi.
Esta oscuridad silenciosa, se vuelve iluminada
cuando susurro tu nombre.
Todo es indoloro y liviano,
cuando sueño contigo.
Todo es tan perfecto
cuando percibo tu cercanía
a pesar de la distancia.

Tienes el poder incesante de manejar
mi cuerpo a tu antojo.
Mi corazón taquicárdico,
los escalofríos absurdos,
mi mente nublada,
y mis risas sin sentido;
reacciones por el hecho de hablarte.

Ese calor en mis mejillas,
producto de tus palabras,
ilusiones y alegrías encontradas
indelebles en lo profundo de mis recuerdos.

Este amor no es lo mejor,
pero es perfecto,
contigo no existen rutinas,
ese pseudo sufrimiento
me hace sentirme real y existente.

Me dicen que soy masoquista,
por seguir con esta utopía,
nadie entiende lo adictivo
que te has vuelto para mí.

Amarte es aquel matiz
que necesitaba con urgencia
para darle color a esta corta vida
si dije que te odie un par de veces
fue el contraste necesario
del paisaje de nuestro amor.

Anhelo poder refugiarme en ti,
cuando los truenos estallan,
dejar mi orgullo de lado
y depender de ti.

Anhelo que nuestros labios se junten,
transmitirte todo este sentimiento contenido
Pero lo que más anhelo es
que llegues a amarme tanto
como yo a ti.

miércoles, 26 de mayo de 2010

Rutina mortal

Y la función empieza. Esta destreza la realizo con mucha frecuencia. Debo sonreír naturalmente, las personas que esperan el acto que daré, no deben notar mi nerviosismo. Las notas acompasadas que acompañan mi presentación están sonando. Mi cuerpo se mueve por inercia al ritmo de la melodía.

Recuerdos vienen a mi mente. Raíces, que siempre tendré presente cuando salgo al escenario. Suspiros, que incitan la tranquilidad necesaria para el siguiente paso. Aquel giro con la seda indica el comienzo del riesgo latente. Frescura, es lo que esta vez debo expresar, movimientos ligeros inician la travesía hasta una meta lejana.

Piso la primera parte de la cuerda tensa. Todos aplauden. Mi cuerpo tambalea ligeramente. Esa es la emoción. Una reverencia a ese público equilibristaansioso, y sigo  danzando en esa cuerda mal llamada floja, afrontando mi vida, arriesgando la integridad normativa, pero esa soy yo. Siempre danzante en esa cuerda de mi vida incitante, riesgosa, furtiva y mortal. La música llega a la cumbre deseada. Debo hacer la pirueta asesina. Mis brazos se relajan al compás del violín emanante, mis piernas flexionan, listas y fuertes. Impulso. Siento que vuelo, girando sin parar, esa seda prevista roza mi piel indicándome el fin de la osadía artística.

Resultado positivo, estoy en la parte final de la cuerda. Tengo un día más de vida. Sonrío alegóricamente, respirando tranquila por el éxito obtenido. Reverencia nuevamente a mi público por la atención mostrada. Pero ¿quién puede asegurarme la victoria en la próxima partida? Mi vida cuelga de un péndulo que se romperá próximamente. Sólo me queda seguir con esta rutina, con este espectáculo, con esta existencia que es como una  danza de equilibrista.

sábado, 8 de mayo de 2010

Una rosa espinada para este domingo

Y se repite la misma historia año tras año, desde que tú no estás. A pesar del tiempo transcurrido contrariamente a lo normal, la situación se pone más rígida. Forzada a ir a tu moderno túmulo para fingir reverencia y añoranza. Esta vez no te traigo flores, sólo una rosa espinada, con la que quiero reflejar los sentimientos que han cambiado levemente.

Fuiste el ser que me dio la vida, y este día te pertenece. He venido obligada, como siempre. Pero en esta ocasión tengo un sencillo mensaje para ti. Tu matriarcado me marcó claramente, sin embargo llevas ese título imborrable. Los míos te lloran a pesar de los años, mientras que mis lágrimas se secan cada vez más.

Este odio tan intenso, ha sido un poco reprimido, gracias a tu legado sembrado en mí. Y ahora comprendo algo porque, ironías de la vida, estoy viviendo lo mismo que tú. Quédate tranquila, ya lo pasaste; mientras yo sigo atrapada en esta cuerda floja, que a pesar de todo, no es motivo suficiente para el sufrimiento que de manera voluntaria me diste.

Se me entrecorta la voz de pronunciar tu nombre, muchísimo más mencionar el rótulo que te corresponde. Sólo quiero que sepas que maldigo cada día de la vida en que me parezco a ti, altiva y débil a la vez, por supuesto mucha más impotencia saber que tendré tu mismo final. ¿Me esperarás? No es necesario, ni en esa dimensión te buscaré, más bien prepararé mi defensa llena de ese amor que nunca me diste. Aún así, ten como regalo esta rosa en la que vi similitud a ti, balbuceando un histriónico feliz día.

viernes, 7 de mayo de 2010

Emoción de amor

Mis ojos se llenaban de lágrimas. Pero esta vez no eran de tristeza, sino de un sentimiento muchísimo más agradable. Cada palabra tuya ensanchaba más mi estoico corazón, aparentando simbólicamente el regreso a la vida.

Y sí. Me reanimaste con tan sólo volver. Devolviste la luz a mis ojos, la razón a mi debilidad y el calor al invierno. Ya no me importa lanzarme al vacío de lo incierto si es contigo. Mucho menos me interesa la vida real que llevo fuera, si unos segundos de tu fantasía me acompañan.

Tienes un poder anestesiante, adormecedor y analgésico sobre mí, ansío tener sobredosis de ti para desencadenar la anafilaxia más placentera de mi vida.  ¿Cuánto se alargará este efecto alucinógeno? El tiempo corre pero en nuestra dimensión creada, éste no continúa, se detiene, se estabiliza. Nuestras miradas se deslizan perdidas, nuestras manos se encuentran para apretarse de manera sublime.

Mírame amado mío, y descifra a través de mis ojos lo que siento por ti. Aprisióname en tus brazos, para trasladarme a ese edén del amor puro. No quiero dejarte ir. Permíteme retenerte por mucho tiempo más dentro de esta utopía, aquella nirvana que sólo tú me puedes dar.

viernes, 23 de abril de 2010

Camino al paraíso

Envuelta en aquel vestido blanco, camino ida y sin destino. El pavimento está lleno de charcos que humedecen mis pies de manera tenue. Con la piel liberada, puedo sentir cada caricia del viento en mi rostro. ¿Hacia dónde me dirijo? No puedo emitir respuesta, tan sólo me siento bien, demasiado bien aunque sea contrastante.

Teniendo como fondo el cielo gris propio de un invierno, no puedo evitar las ganas de volar. Pero no tengo alas, entonces sólo me queda seguir caminando. No tengo la menor idea de donde me encuentro. Sin embargo, no contengo temor alguno, sólo siento absoluta libertad.

Siguiendo el sendero sin fin, una gota traviesa está osando mi paz en ausencia de miedo. Está empezando a llover. No tengo con que cubrirme, de modo que me estoy empapando. Aquellas gotas que van cayendo son para mí como masajes en mi cuerpo. Esto es hermoso, es mágico.

De repente, la lluvia se ha detenido y el viento se vuelve agresivo. Mi cuerpo tiembla por el frío, empiezo a sentir desesperación. ¿Qué debo hacer? El miedo se está apoderando de mí. Tengo ganas irresistibles de gritar.

En este instante puedo divisar una luz lejana. Empiezo a correr para protegerme de este ambiente. Mis piernas se mueven con una rapidez indescriptible pero no logro alcanzar aquella luz. Lágrimas empiezan a rodar en mis mejillas. Estoy atrapada pero la luz está intermitente, es mi única salida.

Vuelvo a tomar impulso pero mis piernas me pesan. Quiero hacer un último esfuerzo. Pero siento que me han tomado del brazo, me estoy desvaneciendo, ya no puedo ver bien este paraíso, mis ojos se están cerrando.

“Doctor la recuperamos, ha recobrado el latido cardíaco”, tan solo fue lo que llegué a escuchar, recordando así la situación terminal en la que me encontraba: neoplásica en una unidad de cuidados intensivos.  Desde entonces siempre suelo pensar si aquella experiencia vivida, ¿Acaso fue en sueño? ¿O fue el camino hacia algún lugar póstumo? Preguntas sin respuesta aún, pero que muy pronto podré resolver, aunque eso signifique no poder revelar aquel camino al paraíso.

viernes, 19 de marzo de 2010

Cuando la furia exacerba

Mi rostro está sonrojado de puro enojo. Mi frecuencia cardíaca y mi respiración aumentan sólo por la sensación de fruncir el ceño. Sentimientos encontrados en este vaivén de inestabilidad emocional que tú provocaste. Todas las fuerzas se concentran en aquella rabia que no puedo aguantar un segundo más. Quiero gritar hasta quedar sin voz, deseo lanzar todo a mi alcance para atenuar en algo esta impotencia por no poder hacer nada.

Estoy llorando hidalgamente. Me duele, me hiere y me mata. Créeme que el camino a odiarte esta muy cerca, me diste el impulso para animarme a hacerlo del todo. Hasta ahora me cuesta creer esa facilidad tuya para engañar, confabular y más aun para destruir sutilmente mi barrera de protección. Absurdamente, asimilé cada una de tus palabras pensando que todo lo acontecido eran azares del destino.

Pero que tonta fui. Nunca te importé, demonios. Que ilusa he sido al pensar que me querías. Me dejé llevar como una niña por tu enmarañado pantano, y me hundí.

Apostada en el suelo alfombrado ahora me encuentro. Bañada en lágrimas y llena de malos sentimientos. ¿Venganza? Claro que pasa por mi mente. Si algo me pasa tú serás el único culpable. Algún día supuse que te amé, en el futuro te odiaré.

viernes, 12 de marzo de 2010

¿Nos conocemos?

Caminaba por la orilla del mar, el día atardecía mostrando su color naranja que tanto me gusta ver. Pensé en mi rutina y lo  que era de mi vida, esas ideas vagas que se nos ocurren al mirar el mar. De repente percibí una mirada tenue pero firme. La quise evadir porque no conocía a aquella persona.

Instantáneamente sentí un suave frío, y una voz me dijo: “¿No me reconoces?” Me quedé quieta. Mi reacción fue tan evidente que aquel marjoven me ofreció una disculpa. “¿Nos conocemos?” Fue lo más sensato que pude decir, realmente extrañada por esta experiencia. De verdad que no lo conocía, no recordaba haber visto su rostro alguna vez en mi vida. También pensé que era una manera demasiado directa para acercarse a una persona desconocida.

Sentados en la arena empezó a decir: “Siento que te conozco, ¿estas segura que no me recuerdas?” Amablemente me preguntó si podía cogerme la mano. Asentí y nuevamente volvió a acotar: “Tocando tu mano, me haces recordarte más; no me temas, a lo mejor nos conocimos en otro tiempo, en otra vida”.

Me incorporé rápidamente. Más impactada que asustada. ¿De que habla esta persona? Con palabras suaves le mencioné que debía retirarme, ya era tarde. La brisa se hacía más fuerte y la oscuridad de la noche cubría el mar poco a poco.

“¿Puedo volverte a ver?” preguntó. Quedé en silencio, dudando sobre la respuesta que debía dar. “Dime si reconoces mi voz” pronunció mientras me miraba firmemente. “Talvez pueda recordar” respondí mientras iba sonriendo para evitar un ambiente hostil. Me despedí educadamente con la posibilidad de volver a verlo.

Camino a casa, pensaba si este encuentro inusual debía ser tomado en serio. Alguien que aseveraba conocerme, cuando yo no percibía lo mismo, es lo más curioso que me aconteció el día de hoy. Ahora la pregunta es: ¿Lo encontraré también mañana? o ¿Fue un espejismo? Pues la respuesta la sabré en el próximo atardecer.

Preludio de un círculo vicioso

Te vi y sentí una opresión en el pecho. No puedo calcular exactamente el tiempo en que nos alejamos, prometiécuerdandome no repetir el mismo error de siempre: Ser débil y suavizarme con simples palabras tuyas. Ahora tiemblo porque caeré en el círculo vicioso de nuestra situación. Aquel tira y afloja, acerca y aleja, despegue y arribo en la que se ha convertido el amor de ensueño que nos prometimos.

Cuando te vas me digo a mi misma: “Cortaré esto definitivamente”, pensando talvez en que el tiempo es, el que mejor sabe curar. Pero de repente vuelves a llegar con esa sonrisa y las palabras que deseo escuchar. Me manejas como un títere, a lo mejor sin darte cuenta y mis ojos vuelven a brillar pensando que esta vez si progresará.

Dudas, incertidumbre y pensamientos que se sumergen en el océano profundo de la mente insomne. ¿Y ahora vuelves? ¿Qué debo hacer? Me matas metafóricamente cuando te veo partir, para luego resucitarme con tu regreso. Aun así no puedo escapar de tu atadura, el impulso me lleva a oír y posteriormente a creer. Forjar una nueva ilusión, de la que ya se conoce el desenlace.

¿Cual es tu objetivo? ¿Es que alguna vez me has querido como me profesas al volver? No le tengo miedo a la soledad, si ese es tu gran miedo. Quiero escapar pero también quiero seguir atada a este vaivén, a esta arandela giratoria que has creado.

¿Me dejo llevar por ti? Es cierto. Esta vez el impulso me ganó y por eso estoy aquí ahora. Esperando aquellas caricias y palabras mágicas que sólo tú puedes decir. Aquel escenario ideado para atenuarme y después huir. Pero esta vez será diferente, espero que sí. A menos que hagas un mejor movimiento y la ruleta vuelva a andar.

sábado, 27 de febrero de 2010

El lugar que sólo nosotros conocemos

Ella se encontraba sentada en el borde de la ventana de su habitación, mirando a la luna que apenas se apreciaba en el cielo. Él ya no estaba con ella. Se había ido. Era un idilio secreto, escondido del conocimiento de la sociedad que ambos compartían. Miraba a la luna pensando que talvez él también la estaba mirando, aunque sea un momento en la que participaban los dos. Pero la seguridad no era absoluta, a lo mejor no existía la respuesta que esperaba.

Todos los días acudía al lugar secreto. Aquel lugar físico camuflado en la cual ambos podían soltar e irradiar su amor. Ese sitio, tan querido para ambos. Ese sitial en la que se vieron por primera vez. “¿Que haces aquí?”, fue la primera frase que él pronunció sorprendido ante esa extraña pero agradable presencia. “Creo que lo mismo que tú, busco tranquilidad”, respondió ella desafiante pero sutil. Ese intercambio de palabras frías dio comienzo a un amor puro, de esos que no se sienten así no más. Aunque ellos ya se habían visto, nunca se hablaron y mucho menos sabían sus respectivos nombres. Desde aquel momento, ambos ansiaban el termino de la obligación diaria, para encontrarse en aquel mágico lugar que era de los dos. Dado que al principio fue la sensación de placer que sentían al hablar, al compartir sus ideas, al interactuar inocentemente; posteriormente comenzaron a quererse románticamente.

Era una reacción involuntaria ir hacia ese lugar verde, suyo e intimo, en la que se decían querer, en la que se sumergían fantasiosamente en las marañas peligrosas de un amor profundo pero secreto. Nunca quisieron publicar el natural sentimiento que ambos compartían. Pero esa confidencialidad también formaba parte de la fantasía, ya que muchas veces ella quería gritarlo, pero nunca lo hizo. Curiosamente para no eliminar ese toque adictivo de almíbar.

Entonces, ¿que pasó? Él no podía verla más. Se iba demasiado lejos. “Te quiero demasiado, si sientes lo mismo por mí, espérame”, son las palabras que él le dijo, y que ahora resuenan en la memoria de la joven enamorada. Ella muchas veces, maldecía la distancia que había entre los dos, pero a pesar de eso, nunca dejó de ir al lugar secreto, que ahora le servía como sitio propicio para descargar su pena y llorar sin que nadie la viera.

Su vida continúa, pero aquel sentimiento no la deja seguir ese rubro de la vida. ¿Cuánto piensa esperar? Sólo ella lo sabe. Estaba ahora sentada en el pavimento verde del lugar secreto, aquel que solo ambos conocen, pensando el porque de su dominio emocional. “Te amo, por eso te esperaré” se oyó levemente pronunciar. Ahora con los ojos levemente inundados, con voz algo entrecortada, volvió a a pronunciar: “Rechazo al que me quiere dar todo para que sea feliz, pero al hombre que talvez nunca veré, deseo entregarle mi corazón, mi alma y mi amor”.

Palabras que rebotan, delatantes en aquel secreto lugar, testigo de ese peligroso amor hiriente y riesgoso, pero que solo ellos conocen. Mirando al cielo, el deseo del encuentro esperado en el escondite del querer, ese “El que sólo nosotros conocemos”.

domingo, 21 de febrero de 2010

Destapando la felicidad

A pesar de que vivió siempre en los mismos lineamientos, sus ojos siempre brillaban cuando veía a las niñas pequeñas. Ellas ciertamente aun eran libres, muchas veces deseaba con todas las fuerzas de su corazón que no crecieran, porque aquella libertad seria opacada.

Los días eran hermosos, asoleados y desbordantes. Pero ella no podía disfrutarlos como cualquier ser de una nación democrática. Su rostro estaba totalmente cubierto por aquel velo que escondía su belleza natural. Su familia, su dinastía y todo lo que la rodeaba se regía según el Islam.

Ser mujer era una vida al servicio y a la sumisión. Su cuerpo mostraba resignación, pero su alma era aventurera. Aunque le estaba prohibido mostrar su rostro en las calles, dentro de casa bailoteaba y cantaba al exterior. Su padre aun no había buscado esposo para ella, así que tenía tiempo para aprender las danzas y los menesteres para ser una buena esposa.

“Es bueno que seas la primera, y mejor si le das el primogénito varón, lo que Allah quiera porque tu destino está escrito”, le decía siempre su padre.

Pasó un tiempo y su “destino” empezaba a cumplirse, se iba a celebrar una reunión donde un pretendiente la conocería para luego desposarla. El padre hizo todo lo posible para que el hombre sea soltero del todo. Al enterarse, la escurridiza dama pensó en que su vida ya estaba redactada, sin remedio más que conocer al hombre al que serviría el resto de su vida.

Al verlo, sintió algo raro dentro de ella. ¿Es que se sentía eso cuando veías a tu impuesto esposo? Su presencia la abrumó, pero aquello no la detenía, quería oír su nombre. Bajó sigilosamente hacia donde el joven se encontraba contactándose con él por medio de los ojos.

En el momento de la celebración, se decidió que ellos se casarían, previo acuerdo del Dote y sin siquiera habérselo preguntado como era la costumbre. Durante ese lapso de espera al día de la boda ni siquiera tuvieron algún cruce de palabras.

Llegó el día de la boda, luego de la fastuosa ceremonia, tenía que cumplirse la noche de bodas. Al verse frente a frente, ella descubrió su rostro para él. Era sin duda, una bella flor. Como mandaba la tradición, ella tenia que bailar para el flamante esposo. De esta forma irradiaba sensualidad y dulzura a la vez, cautivando completamente al marido, e iniciando de la mejor forma el ritual de la primera noche marital. 

Todos esperaban ansiosos afuera del aposento, deseosos de observar la prueba de que el matrimonio se había consumado. Hasta que las puertas se abrieron. Se mostraron las sabanas ligeramente  contrastadas con la manchas rojas de la veracidad.

Cuando se destinaban a salir a su nueva posada, el esposo mencionó: “No te cubras más, quiero que todos vean a la bella flor que tengo a mi lado. Viviremos lejos de aquí, así que no serás cuestionada”. Su felicidad fue extrema, aunque había tenido suerte. Su destino estaba escrito, pero ¿No lo podemos escribir nosotros también?

jueves, 4 de febrero de 2010

Sabor avellana, recuerdos de tu lecho

Y de repente me vino tu nombre a la mente súbitamente impulsado por ese sabor avellana que empecé a recordar. Ese sabor acompañado por ese olor a manzana desprendido de todo lo que venía de ti. Ese ambiente, el cual me servía de huida cuando creía perder el control del mundo externo. Ese aposento que se reducía a tu lecho, donde sentía esa paz infinita, donde me irradiaba la luz del sol y me embadurnaba en tu aura marinera.

Ese lecho que me era la tranquilidad ansiosa, que a veces se convertía en nuestro paraíso en llamas, donde probaba inconscientemente ese sabor avellana y podía ver tu alma, acompañada de la brisa que entraba por la ventana.

¿Por qué no me dejaste seguir un día más en tu lecho avellana? En ese espacio que dejo de ser tuyo para ser nuestro. ¿Por qué no me dejaste estar en donde las sabanas resbalaban, compartíamos cuentos de ensueño, contrastábamos las frentes y revoloteábamos las almohadas? Ese sabor avellana, es difícil de olvidar pero, ningún sueño es eterno, ¿cierto?

lunes, 1 de febrero de 2010

El último suspiro, Violín y Cello

Noche de verano. Sus sentidos estaban atenuados, pero aquella joven aún escuchaba a la perfección. Se sumía en la tranquilidad que emanaba la música clásica. Aquellas notas que Chopin, artista de turno, brindaba para adornar aquella sala, eran más que suspensivas de ese dolor, evidente y cercano, que era estar cerca a la muerte anunciada.

En sus fantasías alimentadas por las notas acompasadas, ella era la más feliz de todas. Reía, corría, bailaba y hasta podía volar. Efecto sólo comparable al de un estimulante opioide, que por largos momentos la hacia olvidar su terrible realidad.

Ella estaba totalmente condenada, marcada y sentenciada. Sufría de una enfermedad degenerativa, de esas que no dejan chance ni mucho menos oportunidad de recuperación. Toda la vigorosidad de juventud suya, fue absorbida por este padecimiento, al borde de no brindarle energías ni para caminar.

Aquella luminosidad de capullo recién florecido fue opacado por la neblina negra de la desesperanza, de la desesperación de la familia y muchísimo más de ella misma. “No quiero vivir”, dijo en algún momento sin que nadie pudiese ofrecer resistencia. Y es que era totalmente válido. Existen cicatrices que a pesar de que se curan, quedan fibrosas, más engrosadas de lo que deberían quedar. Pero en el caso de esta flor mustia, era una herida abierta, riesgosa y latente.

La decepción era inmensa. El querer y no querer partir debe ser el peor sentimiento de este mundo. Palabras como “¿Por que a mi?” son ciertamente comunes y predecibles. El dolor era insoportable. Teniendo como primera causa que los dos dolores se juntaban: El dolor del cuerpo y el dolor del alma. El dolor del cuerpo era impactante al ojo ajeno. Gritos desmesurados y llanto en cadena. Era la etapa agonizante. El dolor del alma, ese casi indescriptible pero punzante. La ansiedad, la negación, la aceptación y luego la resignación. Menudo proceso que la muerte suele encaminar.

Su agonía estuvo adornada entonces con las melodías del violín, piano y cello. La respiración agitada empezaba a desentonar con las notas, hasta que ella misma lo sugirió, a modo de delirio: “El ave..María”, pronunciaba con un estertor premonitorio del desenlace final.

Su deseo fue cumplido. Las notas del Ave María encandilaban la habitación inundada por aires fúnebres, dando la tranquilidad que la flor necesitaba. Aquella paz interior que le permitiría partir con el placer de oírla por ultima vez. Una leve sonrisa se dibujó en el rostro ictérico, agradecida del gesto premortem.

Cada vez que aparece ante mis oídos la melodía de aquel “Ave María”, puedo decir firmemente que lo quiero el día de mi muerte.



sábado, 30 de enero de 2010

Dolor e incertidumbre: Amor?

Es la pregunta rutinaria de cada instante de intimidad en mi pensamiento. Este amor que siento ¿tiene que ser contrastado con tu indiferencia, con tu desgano o con tu falta de interés? No busco que me profeses amor a los cuatro vientos, pero una gentileza tuya, una acción que refleje cuanto te importo es talvez tan importante como un “Te quiero”.

Incertidumbre. Ese es el primer escalón hacia esa ansiedad combinada con desesperanza cuando no se de ti. Es el trampolín que impulsa el estallido de pensamientos que invaden mi, ya dubitativa cabeza. Ofrecimientos que ofertaban quitar esas dudas, hasta ahora no ven la luz. Dudas y más dudas, de las cuales brota el deseo de dejarlo todo. ¿Por que no lo hago?

Dolor. Llega cuando mi racionalidad saca sus propias conclusiones de esta situación recurrente. La continuidad debería hacerse costumbre, pero mis sentimientos no responden, y siento los estragos en mí. Este dolor insano, estrujante que no cesa porque es sinergizada con el vacio que dejas ¿como quieres que no lo sienta?

Acaso, ¿esa es tu manera de querer? Dándome el resultado de noches de incertidumbre y dolor, dudas sin respuesta y este gran sentimiento hacia ti que mi racionalidad hasta ahora no puede entender.

miércoles, 27 de enero de 2010

Rotura de un cristal: Ilusión

Me fundo en el dolor. Ese sentimiento originado por tu indiferencia. No puedo evitar llorar por tu drástica manera de hablar. ¿Dónde quedo aquella pseudoidolatría que emanabas hacia mi? Quiero odiarte pero no puedo. Lo que si me es posible, sentir repulsión hacia mi misma por no poder controlar esta impotencia, y porque negarlo, esta abstinencia. No se cuando me volví adicta a ti, razón por la cual ver que te alejas, causa estragos en mí.

El rostro mojado por mis penas es más que evidente. Aun en este momento tengo ganas de hablarte, de saber de ti. Una palabra tuya bastaría para aplacar este dolor. Pero ni de eso te das cuenta. Ese desprendimiento tuyo me arde, me hiere y me carcome. ¿Debilidad? Claro que lo es. No puse barreras ante ti, no medí riesgos y aquí esta el resultado de mi insignificante prevención.

Necesito de ti, pero tú no lo sabes. Ni siquiera lo imaginas, mucho menos lo piensas.Tal vez la ausencia definitiva será la única forma de hacerme notar. Este cristal no se regenera si lo dejas romperse. Y uno nuevo, nunca es el mismo. Eso se llama realidad.