jueves, 4 de febrero de 2010

Sabor avellana, recuerdos de tu lecho

Y de repente me vino tu nombre a la mente súbitamente impulsado por ese sabor avellana que empecé a recordar. Ese sabor acompañado por ese olor a manzana desprendido de todo lo que venía de ti. Ese ambiente, el cual me servía de huida cuando creía perder el control del mundo externo. Ese aposento que se reducía a tu lecho, donde sentía esa paz infinita, donde me irradiaba la luz del sol y me embadurnaba en tu aura marinera.

Ese lecho que me era la tranquilidad ansiosa, que a veces se convertía en nuestro paraíso en llamas, donde probaba inconscientemente ese sabor avellana y podía ver tu alma, acompañada de la brisa que entraba por la ventana.

¿Por qué no me dejaste seguir un día más en tu lecho avellana? En ese espacio que dejo de ser tuyo para ser nuestro. ¿Por qué no me dejaste estar en donde las sabanas resbalaban, compartíamos cuentos de ensueño, contrastábamos las frentes y revoloteábamos las almohadas? Ese sabor avellana, es difícil de olvidar pero, ningún sueño es eterno, ¿cierto?

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