lunes, 16 de enero de 2012

Tranquilidad a la vista?

Debo admitir que en esta temporada me siento genial. El calor, la brisa y la playa han sido el mejor remedio para mi enfermedad latente. No he tenido ninguna recaída, casi milagrosa según los expertos. No me interesa pensar en los porqué. Adoro este momento de mi vida, tal vez irrepetible y única en toda mi existencia. Hoy mientras hacía la s compras en el supermercado, me di cuenta lo mucho que he cambiado y lo que he avanzado todo este tiempo. Dejé de ser la niña mimada y protegida, para ser la rebelde y antisocial. La enfermería y la universidad me cambiaron, ahora soy la joven que disfruta de su poca vida y realiza lo que más quiere.

Pero un pequeño detalle, no estoy del todo libre. La sangre no me responde, es pálida y deficiente. Un pequeño y gran obstáculo a la vez, que en algún momento logró detenerme, aunque en estos momentos y sin muchas razones que lo avalen, me está dando una tregua. Sería tonta si no la aprovecho. Esta tregua me deja disfrutar de la brisa que ahora acaricia mipluma y papel rostro, a sonreír más de la cuenta y a escribir notillas en mi blog de turno.

Sin embargo, todo esto tiene un precio: La soledad. Estoy completamente sola en este mundo. Tan sola que a veces da miedo. ¿Buscar compañía? Lo he pensado. Pero no tiene sentido buscar sin deseo ni ganas. Espero que el que ostenta ser mi compañía lo comprenda y lo asimile. Pero sobretodo, que acepte mi soledad, porque siempre estará presente. Sólo espera y tal vez me decida a entregarte mi soledad y mi sangre pálida y maltrecha. Déjame disfrutar de este momento feliz y pues mañana será otro día.

domingo, 8 de enero de 2012

Peligro! Llegó el verano

El primer día del año nos sorprendió con un cielo totalmente despejado y el sol más radiante que de costumbre. Sólo muestra de la temporada tan calurosa que estaba por venir. La ropas cortas ya eran necesarias, que lindo ver la luz del sol reflejado en el mar. El olor del verano (sí, tiene un olor, lo he percibido desde que era una niña) se sentía por toda la costa. El ambiente vacacional se avistaba. Si bien es cierto en el malecón ocasionalmente venían ciclistas, surfistas, trotadores, tenistas, entre otros, ahora se vislumbra una alegría y libertad que no se observa en verano.

Desde mi ventana es más lindo ver el mar, y sentir que puedo bajar a tomar sol como antes. Un momento. Como antes? No, claro que no. La radiación ultravioleta ha aumentado en todo el país y más aun en esta hermosa zona donde vivo. De niña, que iba a preocuparme por usar bloqueador, si sólo salía a pasear en bici. Ni que decir de lentes oscuros ni sombreros de paja. Ahora a usar bloqueador todo el tiempo. Si antes vivir en el malecón mirando al mar, avisoraba que podía morir por un tsunami o maremoto, ahora le aumento insolaciones y cáncer de piel.

En fin, a pesar de estas situaciones, nada estropeará mi verano. Seguiré con las paseadas en bici, mis sesiones de footing mañaneros, los juegos de tenis sin técnica ni games determinados. Lograré el bronceado soñado y  chapotearé en el mar como siempre. Porque protegiéndome podré disfrutar esto por los años que me queden, a menos que el trabajo me lo impida (demonios, ya no soy una nena), así que dejémonos de cucufaterías y adaptémonos a los cambios.

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