martes, 29 de diciembre de 2009

Un vientre inútil



Si eres mujer, alguna vez has pensado en la idea de la fertilidad. Desde niñas siempre se nos encamina hacia la idea de ser madres. Como inicio la muñequita en forma de bebé que recibimos en navidad o en un cumpleaños, y como parte final las clásicas palabras “verás cuando te cases, y tengas tus hijos, alli me comprenderás” . Es entonces cuando nos damos cuenta de aquella función ancestral que nuestro género nos impulsa.
Es notorio decir que a medida que vamos creciendo, estos deseos se acentúan más. Muchas lo ven como algo lejano, pero saben que en algún momento pasará. Hasta muchas de nosotras, lo aplazamos más allá del tiempo establecido.

Pero, ¿qué pasa cuando nunca podrás hacerlo?. Lo que me limite a preguntar, y impactante de la resolución:

- “ La tecnología médica ha avanzado mucho, a lo mejor cuando me decida haya alguna alternativa” – dije.
- “Por tu condición debo decirte, que un embarazo nunca llegaría a término, sólo sería un riesgo para tu vida” – dijo el médico mientras observaba pasivo, talvez acostumbrado a este tipo de reacción.

Siempre supe desde que me diagnosticaron años atrás que todo sería diferente del resto, soy una mujer enferma. No se me paso por la mente ser madre aún, y aunque estuve cerca del matrimonio, esa idea no estimulaba sentimiento alguno, hasta ahora pienso que le dedico demasiado tiempo a mi vida profesional, sin embargo, pensándolo bien, no habría un pos resultado, ya que mi existencia se verá seriamente reducida.

Pero la negatividad me embarga, mucho más cuando recuerdo el rostro del que pensé sería el hombre con el que compartiría mi escasa vida, cuando le dije que no podía ser madre. Aunque intentáramos inseminaciones, bebes invitro o alguna cosa más. Le dije que de mí nunca podrá salir un hijo, a menos que expusiera mi vida y sin siquiera saber si el producto llegaría a la fase de expulsión.

Me dijo sonriendo que no importaba. Sin embargo, su rostro me decía que sentía dolor, mucho más dolor cuando le mencioné que no compartiríamos dolores reumáticos ni mucho menos canas entre nosotros. A lo mejor le quedaba la esperanza de quedarse con un ser parecido a mi, en el cual nuestras sangres se mezclaban como fruto de nuestro amor. Ya no tenía opción.

El amor entre nosotros se fue desvaneciendo, decidí dejarlo libre. No puedo ser tan egoísta en forzarlo a seguir con este camino de sufrimiento. Es allí cuando me di cuenta del dolor que se me avecinaba. Nunca podré ser madre, pero mi vientre no es tanto el problema. “¿un transplante de vientre?. Que idea más descabellada”, les dije. Luego lo pensé bien y ahora digo: “Claro que dono mi vientre”.

Día imborrable, libertad más remordimiento



Ese día inesperado llegó. Este me duele más que el oscuro noviembre. Las dos personas que más quiero se derrumban aun cuando emitan fortaleza. No se cuanto tiempo tiene que pasar para poder superarlo. No es un sentimiento personal, aunque me siento libre, la aparente culpa no me deja en paz. El episodio en el cual rechazaste mi presencia antes de dejar este mundo está latente en lo más profundo de mi. No puedo evitar soltar las lágrimas, no de tristeza por tu ausencia, mas bien por el resentimiento y porque no, el remordimiento.



Que desaparezcas íntegramente, es mi ideal. Pero no es posible. Me odio por parecerme a ti, me miro al espejo en los días de confusión y creo verte reflejada en mí y eso me aterra. ¿quién crees que eres para seguir confundiéndome?, ¿es que ya no te basta con aparecerte en mis escasos sueños para seguir atormentándome?


Te puedo deber algo, lo admito. Pero ¿que precio tendré que pagar para que me dejes libre este poco tiempo de vida que me queda? De seguro, estas esperando el día en que me puedas arrastrar al sitial donde te encuentras para terminar lo que iniciaste. No me cabe la menor duda, dejaste el proceso encaminado y pronto verás el resultado de tu plan.

Maldigo la hora en que vi tu semilla impuesta en mí. Talvez te reíste en el más allá de mi supuesta desgracia. Pero créeme, no le tengo miedo a la muerte, sino al sentimiento que dejaré en la persona que más me quiso en este mundo.
Cada día te siento más cerca, señora altiva. ¿ya es hora de que me arrastres? Él sufrirá, así como sufrió contigo, también lo hará cuando me vea partir. A pesar de eso, nunca te odiará.

No te rogaré que no me lleves, porque no eres una divinidad. Sólo le pido a las divinidades que dicen existir, que no me encuentre contigo en el báratro que muy pronto he de pisar.


viernes, 25 de diciembre de 2009

Un nuevo año, un nuevo milagro



De ronda como siempre un 31 de diciembre. Tenía planeado como todo el mundo, separar esta fecha para celebrar la venida de un año más. La suerte no estuvo de mi lado, resignación pero a la vez emoción.

Curiosamente, hoy es un día aparentemente tranquilo, solo clásicas incidencias, entidades típicas de estas fechas: padres que descuidaron a sus nenes con los pirotécnicos, cortes causados por una ineficiencia en la culinaria fiestera, y a pesar de la premura de la noche, ya tenemos intoxicaciones alcohólicas. fue inevitable dibujar una sonrisa.

Estaba preparada para recibir el nuevo año como todos los días, pero llego una mujer en estado gestacional. “Oh, el primer bebé del año”, pensé. Pero la situación no era tan simple.
Estaba solamente acompañada por su esposo, cosa curiosa, él no era el padre biológico. Ambos estaban casados durante mucho tiempo, pero la naturaleza les había negado el don de la reproducción natural. Lejos de amilanarse, la pareja siguió adelante, recurrieron a muchos métodos, aunque la mayoría falló, había una posibilidad que les daba esperanza, la inseminación artificial.

Fue difícil para él aceptarlo en un primer momento, poco después entendió que el lazo consanguíneo es menos importante que el lazo del amor filial. Aceptando de esa manera que su esposa concibiera en su vientre un ser que a pesar de no compartir la misma sangre compartirían lazos de familia.

El embarazo estaba a pre término, pero ya habían signos de dilatación y contracciones. Todo indicaba que el nacimiento era inminente, se decidió esperar un tiempo. Se estaba monitoreando hasta que la mujer rompió fuentes.

Se tuvo que actuar de inmediato, se le atendió y aunque el latido fetal estaba disminuyendo, la parturienta nunca perdió la calma. A lo mejor por su mente pasaba que cualquier error suyo podía echar por la borda el esfuerzo de los dos, que si ella se derrumbaba, aquella luz detrás del túnel se alejaría muchísimo más.

Hasta que se dio, luego de un gran esfuerzo por parte de ella, el nacimiento de aquel ser tan esperado. Estaba algo acrocíanótico, no emitía sonido. La madre empezó a lagrimear, pero a los segundos el bebé empezó a llorar efusivamente. El análisis al segundo fue óptimo a pesar de la expulsión estrepitosa.

De inmediato osé a iniciar el contacto piel a piel, ver aquel milagro, tan cotidiano pero milagro al fin, fue lo más satisfactorio de este inicial mal visto turno de fin de año. Nacimientos son el pan de cada día, contemplar el milagro de la vida humana, es mucho más que una rutina.