sábado, 30 de enero de 2010

Dolor e incertidumbre: Amor?

Es la pregunta rutinaria de cada instante de intimidad en mi pensamiento. Este amor que siento ¿tiene que ser contrastado con tu indiferencia, con tu desgano o con tu falta de interés? No busco que me profeses amor a los cuatro vientos, pero una gentileza tuya, una acción que refleje cuanto te importo es talvez tan importante como un “Te quiero”.

Incertidumbre. Ese es el primer escalón hacia esa ansiedad combinada con desesperanza cuando no se de ti. Es el trampolín que impulsa el estallido de pensamientos que invaden mi, ya dubitativa cabeza. Ofrecimientos que ofertaban quitar esas dudas, hasta ahora no ven la luz. Dudas y más dudas, de las cuales brota el deseo de dejarlo todo. ¿Por que no lo hago?

Dolor. Llega cuando mi racionalidad saca sus propias conclusiones de esta situación recurrente. La continuidad debería hacerse costumbre, pero mis sentimientos no responden, y siento los estragos en mí. Este dolor insano, estrujante que no cesa porque es sinergizada con el vacio que dejas ¿como quieres que no lo sienta?

Acaso, ¿esa es tu manera de querer? Dándome el resultado de noches de incertidumbre y dolor, dudas sin respuesta y este gran sentimiento hacia ti que mi racionalidad hasta ahora no puede entender.

miércoles, 27 de enero de 2010

Rotura de un cristal: Ilusión

Me fundo en el dolor. Ese sentimiento originado por tu indiferencia. No puedo evitar llorar por tu drástica manera de hablar. ¿Dónde quedo aquella pseudoidolatría que emanabas hacia mi? Quiero odiarte pero no puedo. Lo que si me es posible, sentir repulsión hacia mi misma por no poder controlar esta impotencia, y porque negarlo, esta abstinencia. No se cuando me volví adicta a ti, razón por la cual ver que te alejas, causa estragos en mí.

El rostro mojado por mis penas es más que evidente. Aun en este momento tengo ganas de hablarte, de saber de ti. Una palabra tuya bastaría para aplacar este dolor. Pero ni de eso te das cuenta. Ese desprendimiento tuyo me arde, me hiere y me carcome. ¿Debilidad? Claro que lo es. No puse barreras ante ti, no medí riesgos y aquí esta el resultado de mi insignificante prevención.

Necesito de ti, pero tú no lo sabes. Ni siquiera lo imaginas, mucho menos lo piensas.Tal vez la ausencia definitiva será la única forma de hacerme notar. Este cristal no se regenera si lo dejas romperse. Y uno nuevo, nunca es el mismo. Eso se llama realidad.