viernes, 19 de marzo de 2010

Cuando la furia exacerba

Mi rostro está sonrojado de puro enojo. Mi frecuencia cardíaca y mi respiración aumentan sólo por la sensación de fruncir el ceño. Sentimientos encontrados en este vaivén de inestabilidad emocional que tú provocaste. Todas las fuerzas se concentran en aquella rabia que no puedo aguantar un segundo más. Quiero gritar hasta quedar sin voz, deseo lanzar todo a mi alcance para atenuar en algo esta impotencia por no poder hacer nada.

Estoy llorando hidalgamente. Me duele, me hiere y me mata. Créeme que el camino a odiarte esta muy cerca, me diste el impulso para animarme a hacerlo del todo. Hasta ahora me cuesta creer esa facilidad tuya para engañar, confabular y más aun para destruir sutilmente mi barrera de protección. Absurdamente, asimilé cada una de tus palabras pensando que todo lo acontecido eran azares del destino.

Pero que tonta fui. Nunca te importé, demonios. Que ilusa he sido al pensar que me querías. Me dejé llevar como una niña por tu enmarañado pantano, y me hundí.

Apostada en el suelo alfombrado ahora me encuentro. Bañada en lágrimas y llena de malos sentimientos. ¿Venganza? Claro que pasa por mi mente. Si algo me pasa tú serás el único culpable. Algún día supuse que te amé, en el futuro te odiaré.

viernes, 12 de marzo de 2010

¿Nos conocemos?

Caminaba por la orilla del mar, el día atardecía mostrando su color naranja que tanto me gusta ver. Pensé en mi rutina y lo  que era de mi vida, esas ideas vagas que se nos ocurren al mirar el mar. De repente percibí una mirada tenue pero firme. La quise evadir porque no conocía a aquella persona.

Instantáneamente sentí un suave frío, y una voz me dijo: “¿No me reconoces?” Me quedé quieta. Mi reacción fue tan evidente que aquel marjoven me ofreció una disculpa. “¿Nos conocemos?” Fue lo más sensato que pude decir, realmente extrañada por esta experiencia. De verdad que no lo conocía, no recordaba haber visto su rostro alguna vez en mi vida. También pensé que era una manera demasiado directa para acercarse a una persona desconocida.

Sentados en la arena empezó a decir: “Siento que te conozco, ¿estas segura que no me recuerdas?” Amablemente me preguntó si podía cogerme la mano. Asentí y nuevamente volvió a acotar: “Tocando tu mano, me haces recordarte más; no me temas, a lo mejor nos conocimos en otro tiempo, en otra vida”.

Me incorporé rápidamente. Más impactada que asustada. ¿De que habla esta persona? Con palabras suaves le mencioné que debía retirarme, ya era tarde. La brisa se hacía más fuerte y la oscuridad de la noche cubría el mar poco a poco.

“¿Puedo volverte a ver?” preguntó. Quedé en silencio, dudando sobre la respuesta que debía dar. “Dime si reconoces mi voz” pronunció mientras me miraba firmemente. “Talvez pueda recordar” respondí mientras iba sonriendo para evitar un ambiente hostil. Me despedí educadamente con la posibilidad de volver a verlo.

Camino a casa, pensaba si este encuentro inusual debía ser tomado en serio. Alguien que aseveraba conocerme, cuando yo no percibía lo mismo, es lo más curioso que me aconteció el día de hoy. Ahora la pregunta es: ¿Lo encontraré también mañana? o ¿Fue un espejismo? Pues la respuesta la sabré en el próximo atardecer.

Preludio de un círculo vicioso

Te vi y sentí una opresión en el pecho. No puedo calcular exactamente el tiempo en que nos alejamos, prometiécuerdandome no repetir el mismo error de siempre: Ser débil y suavizarme con simples palabras tuyas. Ahora tiemblo porque caeré en el círculo vicioso de nuestra situación. Aquel tira y afloja, acerca y aleja, despegue y arribo en la que se ha convertido el amor de ensueño que nos prometimos.

Cuando te vas me digo a mi misma: “Cortaré esto definitivamente”, pensando talvez en que el tiempo es, el que mejor sabe curar. Pero de repente vuelves a llegar con esa sonrisa y las palabras que deseo escuchar. Me manejas como un títere, a lo mejor sin darte cuenta y mis ojos vuelven a brillar pensando que esta vez si progresará.

Dudas, incertidumbre y pensamientos que se sumergen en el océano profundo de la mente insomne. ¿Y ahora vuelves? ¿Qué debo hacer? Me matas metafóricamente cuando te veo partir, para luego resucitarme con tu regreso. Aun así no puedo escapar de tu atadura, el impulso me lleva a oír y posteriormente a creer. Forjar una nueva ilusión, de la que ya se conoce el desenlace.

¿Cual es tu objetivo? ¿Es que alguna vez me has querido como me profesas al volver? No le tengo miedo a la soledad, si ese es tu gran miedo. Quiero escapar pero también quiero seguir atada a este vaivén, a esta arandela giratoria que has creado.

¿Me dejo llevar por ti? Es cierto. Esta vez el impulso me ganó y por eso estoy aquí ahora. Esperando aquellas caricias y palabras mágicas que sólo tú puedes decir. Aquel escenario ideado para atenuarme y después huir. Pero esta vez será diferente, espero que sí. A menos que hagas un mejor movimiento y la ruleta vuelva a andar.