Te vi y sentí una opresión en el pecho. No puedo calcular exactamente el tiempo en que nos alejamos, prometiéndome no repetir el mismo error de siempre: Ser débil y suavizarme con simples palabras tuyas. Ahora tiemblo porque caeré en el círculo vicioso de nuestra situación. Aquel tira y afloja, acerca y aleja, despegue y arribo en la que se ha convertido el amor de ensueño que nos prometimos.
Cuando te vas me digo a mi misma: “Cortaré esto definitivamente”, pensando talvez en que el tiempo es, el que mejor sabe curar. Pero de repente vuelves a llegar con esa sonrisa y las palabras que deseo escuchar. Me manejas como un títere, a lo mejor sin darte cuenta y mis ojos vuelven a brillar pensando que esta vez si progresará.
Dudas, incertidumbre y pensamientos que se sumergen en el océano profundo de la mente insomne. ¿Y ahora vuelves? ¿Qué debo hacer? Me matas metafóricamente cuando te veo partir, para luego resucitarme con tu regreso. Aun así no puedo escapar de tu atadura, el impulso me lleva a oír y posteriormente a creer. Forjar una nueva ilusión, de la que ya se conoce el desenlace.
¿Cual es tu objetivo? ¿Es que alguna vez me has querido como me profesas al volver? No le tengo miedo a la soledad, si ese es tu gran miedo. Quiero escapar pero también quiero seguir atada a este vaivén, a esta arandela giratoria que has creado.
¿Me dejo llevar por ti? Es cierto. Esta vez el impulso me ganó y por eso estoy aquí ahora. Esperando aquellas caricias y palabras mágicas que sólo tú puedes decir. Aquel escenario ideado para atenuarme y después huir. Pero esta vez será diferente, espero que sí. A menos que hagas un mejor movimiento y la ruleta vuelva a andar.
No hay comentarios:
Publicar un comentario