viernes, 19 de marzo de 2010

Cuando la furia exacerba

Mi rostro está sonrojado de puro enojo. Mi frecuencia cardíaca y mi respiración aumentan sólo por la sensación de fruncir el ceño. Sentimientos encontrados en este vaivén de inestabilidad emocional que tú provocaste. Todas las fuerzas se concentran en aquella rabia que no puedo aguantar un segundo más. Quiero gritar hasta quedar sin voz, deseo lanzar todo a mi alcance para atenuar en algo esta impotencia por no poder hacer nada.

Estoy llorando hidalgamente. Me duele, me hiere y me mata. Créeme que el camino a odiarte esta muy cerca, me diste el impulso para animarme a hacerlo del todo. Hasta ahora me cuesta creer esa facilidad tuya para engañar, confabular y más aun para destruir sutilmente mi barrera de protección. Absurdamente, asimilé cada una de tus palabras pensando que todo lo acontecido eran azares del destino.

Pero que tonta fui. Nunca te importé, demonios. Que ilusa he sido al pensar que me querías. Me dejé llevar como una niña por tu enmarañado pantano, y me hundí.

Apostada en el suelo alfombrado ahora me encuentro. Bañada en lágrimas y llena de malos sentimientos. ¿Venganza? Claro que pasa por mi mente. Si algo me pasa tú serás el único culpable. Algún día supuse que te amé, en el futuro te odiaré.

No hay comentarios:

Publicar un comentario