Hace mucho tiempo que no escribo por aquí. El mundo real me ha absorbido de tal forma que me quedó sin aliento al terminar el día. Sin embargo, cada uno de esos días son iluminado por uno de los seres más puros que existen sobre el planeta: Mi pequeña Amy. No es una persona, es una tierna perrita que llegó a mi vida hace casi ya dos años, de la manera más inesperada como parte de un regalo de amor. En mi vida futura no veo hijos, pero si veo a Amy, que es para mí, una tierna niña. Creo que los animales como ella no necesitan el don de la palabra para expresarse, lo hacen de mil maneras.
Una mirada de Amy me dice muchas cosas, si está cansada, si está molesta, si está alegre, si tiene hambre, si quiere salir a pasear o simplemente quiere jugar. Es este maravilloso lenguaje junto a sus sonidos propios, los que me hacen entenderla a la perfección.
Ella es esa alegría al final de un día cansado y es la ternura acumulada en un solo cuerpo. Amo a los perros, y los amaré siempre, gracias a Amy.