Un día tranquilo después del trabajo. Es inevitable merodear las calles y darse cuenta que, el espíritu navideño desborda por todos lados. Sin tener en cuenta la gran “venta” que supone esta época del año, es casi imposible no contagiarse con este ambiente. Escuchar el Concierto de Navidad de Andrea Bocelli, es lo mejor para endulzar estos días próximos a la navidad. Aquellas melodías me elevan hacia un estado de relajación propicio para tomar
estas fechas.
Esta semana es realmente calurosa, la oposición total a los clichés de Navidad: Nieve, Papa Noel, Pavo y Chocolate caliente. Pero talvez sin estos detalles, la mayoría diría que esta celebración no es la misma.
El infaltable regalo. Dolor de cabeza para el que lo entrega, alegría total para el que lo recibe. Largas filas en las cajas de las tiendas y en la juguetería del supermercado (¿a quién se le ocurre comprar las viandas de la semana junto con los regalos navideños?).
Aunque todo esto se me olvida cuando veo la sonrisa de los pequeños de la casa, invaluable como la inocencia e ilusión que ellos tienen en estas fechas. Ahora descanso tranquila, escuchando el “Ave María” de Bocelli. Meditando sobre la verdadera importancia de estos días, y de lo que vendrá.
Boa noite!
incomodaba pero mi sensatez e hidalguía genética se imponían ante todo. Sin embargo, has realizado un movimiento inesperado, sorprendente e interesante. Este juego yo no lo quería jugar, ahora he cambiado de opinión y lo jugaré hasta ganar. Como todo campo de batalla, tenemos que plantear estrategias acertadas. Pero la tuya, no tiene pies ni cabeza, no mides consecuencias. Quién sabe lo que esté rodeando tu cabeza o las influencias que estés recibiendo, no tema enemigo que la respuesta a su ataque lo afectará más de lo esperado.
e esta vez, sino en lo inesperado del destino. Recordé mis viejos fantasmas, pero estos por ahora no me acompañan más. Divisé de forma cercana, la línea que divide lo abstracto de lo real, y estoy para contarlo. Perdí miembros de mi estirpe, con tanta sorpresa, que graciosamente, a veces olvido que ya no están.