Nuevas rutinas. Nuevas direcciones. Nuevas posibilidades. Aunque el panorama no ha cambiado drásticamente, siento diferencias notables si lo comparo con el trimestre anterior. Las dosis de adrenalina han aumentado, al igual que la intolerancia a lo que antes podía tolerar. En una etapa diferente de mi vida, con las limitaciones de siempre, puedo decir que después de la inestabilidad ligera que amenazaba atormentar mi tranquilidad inaparente, he tomado las totales riendas del vehículo hacia un camino incierto, debo decirlo, pero siguiendo el ritmo de lo seguro y de lo estable.
Llegó el tiempo para mí, y sólo para mí. No pretendo ser cruel de ninguna forma pero, no tengo tiempo para algo más. Adoro desempeñar mi rol en la sociedad, sin tapujos ni discrepancias. Busco paz después de la tormenta, como cualquier mortal lo haría, en una hazaña más humana que cualquier otra.
En estos momentos mis energías están totalmente programadas en las acciones que me benefician sólo a mí. No pienso caer en las marañas de ilusiones pasajeras, ambientes sensibilizados al extremo y mucho menos a cursilerías fuera de lugar, ya que desencadenan de manera simple en mi total antipatía y desgano.
Ahora sólo quiero disfrutar lo que en años no disfruté, no por coacción de terceros, sino por la presencia de un ser que me cegaba, a lo mejor sin intención, y que al irse, alumbró aquella visión que se encontraba cubierta y que no me permitía observar y elegir lo que mi esencia por naturaleza merece.
Sólo las personas que me aman pueden soportar los vaivenes de mi vida inestable de nacimiento. Y cada día debo agradecer a la supremacía de lo divino, la presencia de aquellos que veneran y toleran esas arremetidas sin nada de molestia y con mucho más gusto de lo esperado. A ellos mis sentimientos más puros de lealtad y de cariño.
Y como dice mi mentor, siempre debes preguntar: “¿Estás dispuesto a hacerlo?” quién te diga sí, pero de la boca para afuera, es decir, con hechos concretos y pruebas infalibles, aquellos son los merecedores de tu cariño incondicional. Y es inevitable sonreír porque, a las personas más importantes de mi vida, no les fue necesaria esta pregunta. Por eso aunque mi vida revolucione inesperadamente, sé que allí estarán.
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A ti, “father” adoptivo, no sabes cuanto te adoro, cuanto te admiro. Sin tí, mi vida se hubiera derrumbado en el momento en que cambió por completo. Felicidades! Gracias por seguir siempre conmigo.
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