Totalmente ilusa. Mi sentido común fue abrumado por
un aparente milagro de la vida. Ahora sufro las consecuencias de este intento por cambiar el curso del funesto destino que ha sido escrito para mí. Este sentimiento me embarga en demasía, es impredecible saber si podré superarlo. Mi vientre vacío clama la vida que lo estaba ocupando y que fue expulsado gracias a este estigma escarlata de la estoy poseída.
No existe peor dolor que este. La inutilidad de mi cuerpo es aparente, avisada y predecible. Aun así, se quiso probar mi fortaleza con el maravilloso regalo que mis entrañas sostenían. Pero soy débil. Siempre lo supe. Olvidé por un momento que mi vida es un vaivén inestable, donde el mañana es sólo una palabra.
Lo sentí. Aquella esencia y el esbozo de ese ser que merecía protección. Aunque no lo conocí, revolucionó la visión tenue de la vida que tenía, pensé en un cambio, en un motivo para luchar. Despertar cada mañana era diferente, sabiendo que tenía alguien a quien hablarle en silencio, entonarle las notas de mi violín y decirle lo hermosa que sería la vida juntos. Sin embargo, esquive el primer ataque de mi médico de cabecera, quien me exhortó a detener la ilusión.
Maldita enfermedad, maldito cuerpo, maldito destino. Aquel color rojo fue el aviso del fin. Veía como ese ser se apartaba de mí, sin poder hacer nada y reclinándome sobre lo que está escrito. Nunca le temí a la muerte, quise cambiar mi vida por la suya, pero fue irreparable. Mujer sólo de nombre, vientre inutilizado por este sello no deseado.
Estoy en un profundo hoyo, del cual no quiero salir. La culpa de cobrar una vida sólo por iluminar mi existencia es algo que no puedo apaciguar. Supe desde siempre que mis funciones están reducidas y que pronto desaparecerán. La marca escarlata sigue su paso cada día, cada hora, cada minuto, cada segundo. Quiero que mis ataduras se terminen de romper para huir de este infierno constante, doloroso y frustrante.
Quien sabe a donde me vaya al dar mi último suspiro, pero espero que aquella esencia que habitó mi ser, pueda perdonarme por la fragilidad que no le permitió florecer.
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