Es la pregunta rutinaria de cada instante de intimidad en mi pensamiento. Este amor que siento ¿tiene que ser contrastado con tu indiferencia, con tu desgano o con tu falta de interés? No busco que me profeses amor a los cuatro vientos, pero una gentileza tuya, una acción que refleje cuanto te importo es talvez tan importante como un “Te quiero”.
Incertidumbre. Ese es el primer escalón hacia esa ansiedad combinada con desesperanza cuando no se de ti. Es el trampolín que impulsa el estallido de pensamientos que invaden mi, ya dubitativa cabeza. Ofrecimientos que ofertaban quitar esas dudas, hasta ahora no ven la luz. Dudas y más dudas, de las cuales brota el deseo de dejarlo todo. ¿Por que no lo hago?
Dolor. Llega cuando mi racionalidad saca sus propias conclusiones de esta situación recurrente. La continuidad debería hacerse costumbre, pero mis sentimientos no responden, y siento los estragos en mí. Este dolor insano, estrujante que no cesa porque es sinergizada con el vacio que dejas ¿como quieres que no lo sienta?
Acaso, ¿esa es tu manera de querer? Dándome el resultado de noches de incertidumbre y dolor, dudas sin respuesta y este gran sentimiento hacia ti que mi racionalidad hasta ahora no puede entender.
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