viernes, 25 de diciembre de 2009

Un nuevo año, un nuevo milagro



De ronda como siempre un 31 de diciembre. Tenía planeado como todo el mundo, separar esta fecha para celebrar la venida de un año más. La suerte no estuvo de mi lado, resignación pero a la vez emoción.

Curiosamente, hoy es un día aparentemente tranquilo, solo clásicas incidencias, entidades típicas de estas fechas: padres que descuidaron a sus nenes con los pirotécnicos, cortes causados por una ineficiencia en la culinaria fiestera, y a pesar de la premura de la noche, ya tenemos intoxicaciones alcohólicas. fue inevitable dibujar una sonrisa.

Estaba preparada para recibir el nuevo año como todos los días, pero llego una mujer en estado gestacional. “Oh, el primer bebé del año”, pensé. Pero la situación no era tan simple.
Estaba solamente acompañada por su esposo, cosa curiosa, él no era el padre biológico. Ambos estaban casados durante mucho tiempo, pero la naturaleza les había negado el don de la reproducción natural. Lejos de amilanarse, la pareja siguió adelante, recurrieron a muchos métodos, aunque la mayoría falló, había una posibilidad que les daba esperanza, la inseminación artificial.

Fue difícil para él aceptarlo en un primer momento, poco después entendió que el lazo consanguíneo es menos importante que el lazo del amor filial. Aceptando de esa manera que su esposa concibiera en su vientre un ser que a pesar de no compartir la misma sangre compartirían lazos de familia.

El embarazo estaba a pre término, pero ya habían signos de dilatación y contracciones. Todo indicaba que el nacimiento era inminente, se decidió esperar un tiempo. Se estaba monitoreando hasta que la mujer rompió fuentes.

Se tuvo que actuar de inmediato, se le atendió y aunque el latido fetal estaba disminuyendo, la parturienta nunca perdió la calma. A lo mejor por su mente pasaba que cualquier error suyo podía echar por la borda el esfuerzo de los dos, que si ella se derrumbaba, aquella luz detrás del túnel se alejaría muchísimo más.

Hasta que se dio, luego de un gran esfuerzo por parte de ella, el nacimiento de aquel ser tan esperado. Estaba algo acrocíanótico, no emitía sonido. La madre empezó a lagrimear, pero a los segundos el bebé empezó a llorar efusivamente. El análisis al segundo fue óptimo a pesar de la expulsión estrepitosa.

De inmediato osé a iniciar el contacto piel a piel, ver aquel milagro, tan cotidiano pero milagro al fin, fue lo más satisfactorio de este inicial mal visto turno de fin de año. Nacimientos son el pan de cada día, contemplar el milagro de la vida humana, es mucho más que una rutina.


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