El primer día del año nos sorprendió con un cielo totalmente despejado y el sol más radiante que de costumbre. Sólo muestra de la temporada tan calurosa que estaba por venir. La ropas cortas ya eran necesarias, que lindo ver la luz del sol reflejado en el mar. El olor del verano (sí, tiene un olor, lo he percibido desde que era una niña) se sentía por toda la costa. El ambiente vacacional se avistaba. Si bien es cierto en el malecón ocasionalmente venían ciclistas, surfistas, trotadores,
tenistas, entre otros, ahora se vislumbra una alegría y libertad que no se observa en verano.
Desde mi ventana es más lindo ver el mar, y sentir que puedo bajar a tomar sol como antes. Un momento. Como antes? No, claro que no. La radiación ultravioleta ha aumentado en todo el país y más aun en esta hermosa zona donde vivo. De niña, que iba a preocuparme por usar bloqueador, si sólo salía a pasear en bici. Ni que decir de lentes oscuros ni sombreros de paja. Ahora a usar bloqueador todo el tiempo. Si antes vivir en el malecón mirando al mar, avisoraba que podía morir por un tsunami o maremoto, ahora le aumento insolaciones y cáncer de piel.
En fin, a pesar de estas situaciones, nada estropeará mi verano. Seguiré con las paseadas en bici, mis sesiones de footing mañaneros, los juegos de tenis sin técnica ni games determinados. Lograré el bronceado soñado y chapotearé en el mar como siempre. Porque protegiéndome podré disfrutar esto por los años que me queden, a menos que el trabajo me lo impida (demonios, ya no soy una nena), así que dejémonos de cucufaterías y adaptémonos a los cambios.
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