Mis ojos se llenaban de lágrimas. Pero esta vez no eran de tristeza, sino de un sentimiento muchísimo más agradable. Cada palabra tuya ensanchaba más mi estoico corazón, aparentando simbólicamente el regreso a la vida.
Y sí. Me reanimaste con tan sólo volver. Devolviste la luz a mis ojos, la razón a mi debilidad y el calor al invierno. Ya no me importa lanzarme al vacío de lo incierto si es contigo. Mucho menos me interesa
la vida real que llevo fuera, si unos segundos de tu fantasía me acompañan.
Tienes un poder anestesiante, adormecedor y analgésico sobre mí, ansío tener sobredosis de ti para desencadenar la anafilaxia más placentera de mi vida. ¿Cuánto se alargará este efecto alucinógeno? El tiempo corre pero en nuestra dimensión creada, éste no continúa, se detiene, se estabiliza. Nuestras miradas se deslizan perdidas, nuestras manos se encuentran para apretarse de manera sublime.
Mírame amado mío, y descifra a través de mis ojos lo que siento por ti. Aprisióname en tus brazos, para trasladarme a ese edén del amor puro. No quiero dejarte ir. Permíteme retenerte por mucho tiempo más dentro de esta utopía, aquella nirvana que sólo tú me puedes dar.
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