A desempolvar los abrigos, a reinventar las chompas toca en esta temporada. Visualizar el cielo gris de la ciudad embadurnado con la intensa neblina, de caricia tenue y fría a la vez ya es panorama de todos los días. Este frío ayuda a sanar heridas, este frío ayuda a dejarlas congeladas. Este frío ayuda a visualizar lo rápido se pasa el tiempo a pesar de tener intacto el recuerdo como si fuera ayer del último invierno. El reloj no se detiene y avanza a pesar que el planeta está paralizado, la cuarentena se hace menos llevadera con este frío, pero me siento fascinada con este panorama gris pero hermoso.
La oscuridad de la temporada invernal cautiva, porque es propicio para encender velas y las velas son luz después del túnel. Pero el frío es más intenso si tienes un alma dañada, magullada y lastimada. Esta temporada es el vaivén de los recuerdos y de las añoranzas, solo queda tomar la lección de vida que sigue, en este caso aprender a vivir con la soledad, frío y alma rota. Una tacita de té y un par de calmantes ayudan a sobrellevar esta estación del año favorita pero de una manera diferente.
Pd: Volviendo a escribir después de 7 años en este blog acompañada de mi soledad e inspiración. Porque la mejor terapia es escribir acompañada de aceptación y agradecimiento por todo lo que se pasa en la vida sea bueno o malo. Estoy aprendiendo a vivir con la soledad quien se ha convertido en mi compañera fiel. La soledad no se va solo se esconde para encontrarte y demostrarte que siempre estuvo pero no te diste cuenta. Bienvenido invierno y si talvez no te lo dije antes porque pensé que te irías, bienvenida soledad!
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